1. … O conjugar el verbo “esconder(se)” hasta encontrarte.

     
  2. (Matilda tiene una nueva amiga.)

    Voy a conjugar el verbo pintar hasta que salga tu nombre.

    Dos rectas paralelas, infinitas. Sin trampolines.

    Si fueses abismo, ya me habría caído. 

    Niebla, laberinto. Solo puedo jugar a perderme.

     
  3. Señores y señoras, efectivamente él tenía un don.

    Tenía la habilidad de dejarlo todo a medias, así pues, cuando nació creó sin quererlo el concepto de mediocidad. Es bastante probable que todos estéis pensando que quiero referirme a “mediocridad”, pero ya que su don no es que sea precisamente como para tirar cohetes, al menos dejad que me permita la licencia de llamarlo como me dé la gana. Aunque sí, probablemente tenéis razón y lo correcto sea llamarle “mediocre”, pero he aquí el problema: mediocre me recuerda a “ocre” y ocre a su vez me recuerda a “oro” (no sé si etimológicamente tienen algo que ver pero así es), oro me suena a “aurum” y obviamente aurum me recuerda a cerveza. Viéndolo así es bastante probable que todo tenga que ver y que su don sea la mediocridad, porque la cerveza muchas veces es la culpable de que dejemos todo a medias: unas veces por morir antes de tiempo y otras por aventurarnos demasiado y con la cobardía por bandera negarlo todo en cuanto sale el sol. 

    Definitivamente prefiero ser tildada de mediocre y tener el don de dejar todo a 

     
  4. Los fantasmas se alimentan a base de autocontrol.

     
  5. Si existiese una sola razón por la que ésta es una de mis películas de favoritas, Margot sería la clave.

    Me gusta Margot. A algunos seguramente les guste por su abrigo de piel (tan atemporal) o sus vestidos de rayas (para los amantes de Lacoste). A otros por su pelo impoluto y su pinza roja (aunque a mi parecer, más que de una pinza, se trata de un escudo contra la vulgar y mundana imperfección). A otros les gustará por sus manos, porque reconozcámoslo, Margot tiene unas manos muy bonitas, sobre todo cuando agarra con sus dedos uno de esos cigarrillos camuflados entre bastoncillos. A otros les gustará su tono de voz, indiferente y deprimido, como si el paso de las horas le amargase… 

    Si no lo habíais notado ya, yo tengo una obsesión enfermiza por los ojos. Las miradas.

    A mí Margot me gusta por su mirada. Los ojos de Margot te miran a la vez que te dicen “déjame salir”. Lo cierto es que aún sigo sin saber a dónde pretende escapar. Es como si gritase “tengo branquias”. Como si solo pudiese respirar la tinta de todos los relatos a los que aún les sigue dando vueltas.

    Creo que es miedo. Miedo a vivir sin poder escribir ni las condiciones ni el final. Pero al fin y al cabo, eso nos pasa a todos. Menos a mí. Yo tampoco fumo.

     
  6. Me propuse escapar y correr por las baldosas amarillas, dependiente de un destino impreciso e involuntario. Voluble, difuso. Terminé saltando sobre tejados de papel y astas de yeso. Malabares. 

    Una matrioska de dos solas muñecas. Malla y aire. Expansión. Confusión.

    Esperando expectante el punto de fusión.

     
  7. En innato. Salir a la calle y empezar a ver en rectángulos. 

     
  8. AB-DUC-I-DA-.

     
  9. Todos lo tenemos. Al fracaso, a la infelicidad, al compromiso, a la distancia. A lo nuevo y a lo ya enterrado, al amor y al desamor. A la muerte… Pero por encima de todo, a la vida.

    No se me ocurre un sentimiento más recurrente en el ser humano que el miedo. Quien lo niegue, sin duda, debe estar aterrado por la sinceridad.

    Te bloquea, te paraliza, te hunde. Hace que todo deje de tener sentido para convertirse en tu única dimensión.

    Pero, aunque no lo creas, el miedo es bueno porque te prepara. El miedo te avisa de que no estás bien, pero también de que puedes volver a estarlo. Te da la herramienta más importante de todas: la alerta. Porque tener un problema y no tener miedo solo puede indicar dos cosas: que sabes como superarlo o que definitivamente has sucumbido.

    Puede que las cosas no te estén saliendo como tú quieras, puede que no sepas como afrontar algo o puede que sea la primera vez que te enfrentes a ello, pero lo que debes saber es que querer al final siempre es poder. El miedo solo es la alarma, no es el medio. Todo tiene solución, pero para ello debes estar dispuesto a dar lo máximo de ti.

    No somos el problema, somos todo aquello que lo rodea. No pretendas sumergirte o hacer de ello tu materia prima, porque lo único que estarás consiguiendo es sucumbir y estancarte. Sí, a todos nos gusta compadecernos un poco, no está mal, pero siempre tenemos que ver el contexto y darnos cuenta de que somos un todo. No te obceques en una baldosa, porque nunca podrás llegar a ver el camino.

    Somos más que todos los obstáculos que tenemos que superar.

     
  10. MIEDO.

    Nacer, crecer, vivir.

    Definitivamente, primero siento, luego existo.